Todos somos influyentes

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Creamos esta lista casi al azar, seleccionando personas conocidas así como algunos cercanos a nosotros. Usted podría hacer lo mismo con facilidad. Lo hicimos para ilustrar un punto: Todo el mundo influye a otras personas. No importa quién o cuál es su trabajo. Un político, como el presidente de los EE.UU., tiene tremenda influencia en cientos de millones de personas, no solo en este país sino alrededor del mundo.

Y los artistas populares, como Madonna y Arnold Schwarzenegger, muchas veces influyen a toda una generación de personas en una o más culturas. Una maestra, como Glenn Leatherwood, que instruyó a John y a cientos de otros niños en la Escuela Dominical, impactó las vidas de sus estudiantes y también influyó indirectamente en todas las personas que esos niños llegaron a influir.

Sin embargo, usted no tiene que ser importante para ser una persona influyente. Es más, si su vida se vincula de alguna manera con otras personas, usted influye. Todo lo que hace en el hogar, la iglesia, su trabajo, o en el campo de pelota afecta las vidas de otras personas. El filósofo y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson dijo: «Cada hombre es un héroe y un oráculo para alguien, y para esa persona, lo que diga tiene valor adicional».

Si usted desea tener éxito o afectar positivamente a nuestro mundo, necesita ser una persona influyente. Sin la influencia, no hay éxito. Por ejemplo, si es un vendedor que desea vender más productos, necesita poder influir a sus clientes. Si es gerente, su éxito depende de la habilidad para influir a sus empleados. Si es entrenador, solo puede organizar un equipo ganador influyendo en sus jugadores. Si es pastor, su habilidad de alcanzar personas y hacer que su iglesia crezca depende de su influencia en la congregación. Si desea criar una familia fuerte y saludable, tiene que influir a sus niños de manera positiva. No importa cuáles sean sus metas en la vida, puede ser más efectivo, y su contribución puede ser más duradera si aprende a convertirse en una persona influyente.

Si su vida se vincula de
alguna manera con otras personas,
usted influye.

Un relato divertido acerca del impacto de la influencia nos llega del gobierno del presidente Calvin Coolidge. Un huésped de la Casa Blanca desayunaba con Coolidge cierta mañana; deseaba darle una buena impresión al presidente. Y notó que Coolidge, a quien le sirvieron el café, agarró la taza, vertió parte de su contenido en un platillo hondo, y calmadamente le añadió un poco de crema y azúcar. Como no deseaba violar ninguna regla de etiqueta, el visitante siguió el ejemplo del comandante en jefe: derramó parte de su café en su platillo, y le añadió crema y azúcar. Luego esperó que el presidente hiciera su próxima movida. Se horrorizó cuando vio poner el platillo en el suelo para el gato. Nadie informó qué hizo el visitante después.

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